sábado, 1 de junio de 2013

Una extraña en casa de mis padres.


Una extraña en casa de mis padres

Sí eso era en la casa de mis padres, después de llegar a la capital mi tía solía llevarme los viernes por la tarde después del colegio a casa de mi familia. Yo tenía unos 12 años y mis hermanos me trataban como una auténtica extraña la verdad es que los entiendo, como me iban a tratar si apenas sabían de mí, las pocas veces que mi madre los llevaba a verme no era suficiente para que me trataran como una hermana, para mí también fue difícil yo era la tercera de mis hermanos mis dos hermanos varones mayores que yo eran completamente desconocidos para mí, y el resto aún no se daban cuenta de lo que había entre nosotros.

De todas maneras solo me quedaba los fines de semana y los domingos por la tarde me regresaba otra vez con mi abuela.

Recuerdo cuando venían a buscarlos para jugar y les preguntaban con curiosidad ¿y quién es esa niña?... y ellos decían ah Isabel mi hermana pero no vive aquí. Poco a poco fui ganándomelos y pasado un tiempo yo me sentía mejor con ellos jugábamos en los barrancos buscando renacuajos, hacíamos carreras de ranas, jugábamos en las higueras y por las noches nos costaba dormir pues no parábamos de hablar y hablar, yo les contaba todo lo que viví en Taganana a qué jugaba y las cosas de las que carecíamos como lo del cuarto de baño y agua corriente.sabéis!! No me creían, a ellos nunca les falto eso ni tampoco el cariño y los besos de mis padres más el calor de los hermanos.

Pero eso ahora no me importaba ya estaba con ellos y me sentía como si siempre hubiera estado allí. Todo era como yo siempre había soñado solo que todo acababa cuando llegaba el domingo.

Un día le dije a mi abuela que porque no me iba a vivir con ellos y a mi abuela la pobre le cambio la cara

Aun me duele recordar las palabras que me dijo “si ya no me quieres te puedes ir cuando quieras”

No sabía luego como explicarle que yo si la quería pero quería vivir con mis padres y hermanos y ya nunca más estar sola.

No recuerdo bien cuando paso pero pasado un tiempo me vi apuntada en el colegio de mis hermanos y viviendo definitivamente con ellos. Ya no tenía que regresar los domingos a casa de mi abuela, ya no habían lágrimas al despedirme y ya no tenía que soñar más con el querer ser una de ellosestaba en casa con mi familia.

Ahora pienso en ello y se me encoge el corazón de pensar que el día más feliz para mí tuvo que ser el más triste de mi abuela, ahora ella si se quedaba sola(Ahora me siento una egoísta) pero en aquel momento sé que no lo pensé  y es más creo que no pensé como se sentiría ese día. Abuela te pido perdón

Pero lo que yo no sabía es que las cosas no iban a ser tan bonitas como yo imagine, las cosas se pusieron feas pronto.

Para empezar lo de mí espalda empeoraba en vez de mejorar, tuvieron que ponerme unos aparatos en la cama para dormir por las noches, y aparte de lo molesto que era dormir así era tener que aguantar las risas de mis hermanos. Tenía que dormir con unas coreas que me agarraban la cabeza de la cual salían unas cuerdas en las que estaban enganchadas unos sacos de peso para estírame la columna mientras dormía realmente aquello era incómodo. Pero imprescindible para estirarme lo máximo posible antes de tener que llegar a operarme.

Pase tres años de idas y venidas al hospital Ramón y Cajal de Madrid, tres meses de corsé y tres de escayola.

Mientras tanto aguantando todos los desaires de mi madre, yo sabía que no me quería lo veía todo el tiempo, yo que viví con mi abuela y nunca me falto unos zapatos ni unas bragas, ahora me tocaba vestir de segunda mano y regalado. Siyo sentía que mi presencia en aquella casa le disgustaba a mi madre, mientras mis hermanos me tomaban más cariño y mi padre mas me demostraba su cariño mi madre no paraba de hacerme de menos. Fue Estando de veraneo en la playa de Boca Cangrejo donde solíamos hacer unas casetas y pasar los meses de verano donde ya no pude mas y estalle de rabia mi madre acababa de llegar de la laguna de las tiendas del Nº1 de donde traía bañadores y toallas para todos menos para mí, cuando yo vi que repartió todo lo que traía en las bolsas y desconcertada vi que para mí no había nada la rabia me segó y me puse a llorar y a decirle que por qué siempre me hacia aquellas cosas, por qué a mí no me trataba como a los demás de mis hermanos en ese momento llego mi padre y pregunto qué  pasaba que por qué yo estaba llorando y mi madre solo se limitó a decir lo siento es que se me olvida que ahora vive con nosotros, me sentí como un perro al que recogen de la calle sentí que estaba con ellos por pena o por yo presionar tanto para querer estar con ellos no porque fuera su hija. Yo sé que mi madre algo tenia contra mí, pero nadie me decía. Recuerdo que una vez de las que baje para santa cruz para ver a mi abuela le pregunte que si yo no era hija de mi padre, y por eso mis padres me mandaron a vivir con ella pero mi abuela me dijo que dejara de decir tonterías que yo estuve con ella para que no estuviera sola y nada más, que ya mi madre se acostumbraría a tenerme con ellos.

Mientras tuve que aguantarme con lo que había y si tenía que ponerme ropa ya husada me la ponía y si tenía que aguantar la vergüenza de que la dueña de la ropa digiera que aquella ropa era de ella en el colegio, pues me aguantaba, menos mal que por lo menos las bragas me las compraba nuevas.

Para colmo una tía mía envicio a mi madre a jugar en el bingo y mi madre muchas veces iba a cobrar el sueldo de mi padre y en vez de hacer la compra y luego irse al bingo pues no!!  Ella cogía el dinero y marchaba corriendo a ver si sacaba más. Y de esa manera y miles de veces nos vimos mis hermanos y yo sin nada que comer, yo jamás supe lo que era tener un vacío en el estómago, y pase de no saber que era hambre a limpiar el pan duro que traía mi padre de los bares para los conejos, le quitaba a muchos de ellos el moho verde que le salía de estar en los sacos y los calentaba en el fuego con un tenedor para quitarle el sabor y que quedara un poco más agradable de comer, veces le tocaba a mi tía la de al lado y le pedía un huevo para acompañar el pan. Teníamos a mi tía frita pues la mujer nunca nos negaba el huevo pero sí que nos decía yo no compro los huevos para regalarlos. Más de una vez nos acostábamos a dormir y hasta nos reíamos de haber a quien se le oía más las tripas del hambre ¡¡cosa que no era para reírse!!

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